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Terra
La Coctelera

Ocho: Nada

Salimos del café borrachos. Yo, más borracho "no, no, yo más borracha, mucho más borracha yo, jefe; si hasta le he hecho proposiciones indecentes y ni un millón de dólares ni Robert Redford, hay que ver, ay qué vergüenza, jefe, perdóneme". Cierto: Milagros más borracha que yo. O más sincera, o más suelta, o más sola. O incluso ¿enamorada?
- ¿... de usted? la verdad es que no lo sé... no lo sé.
- No pasa nada, Milagros.
¿Qué quise yo decirle con éso, "No pasa nada, Milagros"? No pasa nada si te has enamorado de mí: no me mancha que me ames [Como pensé que hacía con aquellos de quienes me enamoré - sin fortuna y en secreto - durante toda mi adolescencia. Como supongo que sienten todos los adolescentes que se saben feos, raros y culpables.] No pasa nada si no lo sabes [Porque "hasta que comprendió por sus medios lo que todos descubren alguna vez: que no saber si se está enamorado es la única forma real de estarlo. Ninguna seguridad, basta de normativas, la gravedad ha muerto." ESTRELLAS, ESTRELLAS, de Eloy Tizón.] No pasa nada: yo no estoy enamorado de ti, da igual lo que tú sientas: no pasa nada, no pasará nada.
- ¿Qué quiere decirme con éso, "no pasa nada"?
- No lo sé.
Paré un taxi que pasaba y se lo cedí. Milagros se subió, cerró la puerta y no nos despedimos. Esa noche fue la última vez que la vi. En la oficina dijeron que había tenido que marcharse de viaje urgentemente. Me la imaginé de nuevo en Nueva York.

Seis: Nueva York

- Ay, no se burle de mí, jefe. No tendría que habérselo contado. Seguro que ahora usted piensa que soy una tarada y una freak.
Pero no es cierto: no es eso lo que pienso de ella. No es eso lo que pienso. Pienso en que Milagros se gasta la mitad de su sueldo en terapia, en que se ha sometido a regresiones hipnóticas, en que no recordaba que me hubiera contado que había perseguido a un hombre hasta Estados Unidos.
- ¿Y a qué parte de Estados Unidos seguiste al tal Christian?
- ¿A Christian? A Nueva York, hasta Manhattan le seguí, como una loca. Muchísimo antes de que las bobas de mi edad se fascinaran por Sexo en Nueva York, ahí estaba yo. Torciéndome los tobillos por calles numeradas. Qué mierda, jefe, qué mierda. Casi un año me pasé en Nueva York, buscándome la vida como podía - trabajé como dependienta, haciendo manicuras a señores en hoteles de medio pelo y también de camarera: y todo a la vez, no se crea, usted no sabe lo que era pagar el alquiler.
- ¿Pero estábais alquilados en Manhattan?
- ¿Cómo que estábais? Estaba: yo estaba alquilada en Manhattan. Yo sola con mi pelo.
- ¿Y Christian?
- No lo volví a ver. Desapareció.
- ¿Y por qué no volviste a España?
- Pues no sé, jefe. Al principio porque no tenía dinero para el billete, y pensé que si trabajaba podría ahorrar para volver, pero qué va. Trabajaba como una mula y apenas me daba para el alquiler y la comida, así es que ahí me quedé.
- Un año...
- Casi, sí.
- ¿Sabes qué?
- No, ¿qué?
- Que me encantaría ir contigo a Nueva York, pero en plan lujo total. ¿Has vuelto después alguna vez?
- No, qué va. Desde que volví no he vuelto a viajar.
- ¿Y te apetece? ¿Te apetece que cuando terminemos el proyecto nos vayamos dos semanas? Invito yo.
- Pues claro, pero claro que me apetece... ¿lo dice de verdad?
- Total.
Otro 'dry-martini'. Brindamos. Por Holly. Por Holden. Por Andy. Por Truman.
- Y por Liza, jefe, que nos está inspirando un huevo.
- ¿Volviste a ver a Christian?
- Sí, bueno, no. Lo vi, pero por televisión: ahora es actor.
- ¿Es bueno?
- Es un horror...
- ¿Y yo?
- ¿Usted, qué?
- ¿Era bueno en tu regresión?
- Era buenísimo. Y me invitaba a Nueva York.
-

Cuatro: Milagros

Milagros es rara y lista. Milagros es guapa rara, guapa para minorías, o guapa para mí; porque Milagros tiene uno esos rostros femeninos duros, preciosos, de mandíbula firme y cuadrada, de ojos pequeños perfectos y ¡una boca! una boca que es protagonista absoluta de la cara: una boca carnosa, bien dibujada, nada excesiva, discreta, una boca que es protagonista de la cara pero no destaca más que cuando uno se concentra y mira solamente a la boca. La primera vez que le miré la boca a Milagros la encontré guapa, guapa a partir de ese momento. Milagros es guapa. Pero nunca haría de guapa en una película; Milagros sería la amiga normalita de la protagonista. Pero Milagros nunca haría una película: le avergüenza su voz ronca, cascada, una voz fantástica para cantar rancheras o pedir otros dos 'dry-martinis' al camarero.
- El café lo habrás dejado, bonita, pero la ginebra...
- No me sermonee, jefe, que a usted también le gusta el pimple.
"El pimple". Milagros dice cosas como "el pimple" con tantísima gracia que me derrite.
- Lucho me llamaba borracha...
- ¿En serio?
- En serio.
- ¡Cuántas ches! ¿Y nunca te chantajeó? "Lucho chantajea a la borracha"
- No. Pero si lo hubiera hecho, me habría hecho lesbiana, "Lucho chantajea a la borracha marimacho"
- O mamarracha.
- Ah, no, para eso ya está usted.
- Un respeto, señora.
- Señorita, si no le importa.
- Las señoritas eran vírgenes.
- No, señor. Las vírgenes eran Vírgenes. ¿O es que la madre de Dios era la Señorita María? ¿eh?
- Nos vamos a chuzar bien hoy, ¿no?
- Como dos botas, jefe, como dos botas.

Tres

- ¿Y qué crees? ¿Que sí?
- ¿Qué sí, qué?
- Si, a pesar de todo, haremos nuestra propia música, cantaremos nuestra canción especial...
- Ay, jefe, qué horror. Con lo bonita que es esa canción, traducida parece un libro de Coelho.
- O de Lucía Echevarría, que es peor.
- Pues a mí me gusta Lucía...
- ¿En serio?
- No lo sé...
- Yo quería ser escritor...
- Ya lo sé. Me lo dijo Nac... Perdón.
- No, no, nada. Me acuerdo de él sin que tú lo menciones, de verdad.
- ¿Era su novio?
- Qué va. Peor.
Peor que novio. Menos que novio, no: peor. Qué raro "peor que novio". Qué raro debe de pensar Milagros que soy. Qué rara es Milagros. Rara de verdad: no una de esas personas que de lejos nos parecen raras pero al tomar confianza dejan de serlo. Milagros es rara de verdad. Rara es extraña, imprevisible. Rara es bien, bueno. Rara es distinto a los falsos raros, cuya personalidad no es otra cosa que una amalgama de rarezas ajenas impostadas, de actitudes superficiales y poses fatuas, pero que, en proximidad, resultan decepcionantemente convencionales en su moralismo, en su apatía y en su incapacidad para no confundir todos con partes. Milagros no es así: cada vez que hablo con ella y le cuento algo sobre mí tengo la sensación de que no me categoriza, sino que sigue esperando información. Tal vez por eso me trata de usted, y lo hará hasta que crea conocerme. Si es así, Milagros es rara y lista. Rara de verdad. Como su propio nombre indica.

Dos

Milagros salió de la reunión bastante más preocupada que yo, "para el miércoles ni de coña, jefe", y tuve que convencerla de que no era para tanto; ya teníamos la idea en abstracto y adaptarla a los concursantes no era demasiado trabajo, "al fin y al cabo, por muy freaks que sean, todo el mundo reacciona ante lo mismo: ambición, amor propio, miedo, egoísmo..." "Como usted diga, jefe," - Milagros me trata siempre de usted, con una mezcla de cariño y broma que me gusta seguir - "pero una cosa es que todos reaccionemos ante lo mismo y otra que todos reaccionemos igual".
Totalmente de acuerdo con ella, pero cómo reaccionaran no era el trabajo para el miércoles: de cómo lo hicieran dependía nuestro trabajo de las próximas semanas.
"¿Está usted bien, señor?", Milagros me coge de la mano mientras paseamos por el Paseo de Recoletos hacia la Plaza de Colón. Yo la miro y me quedo callado. Y yo qué sé.
No lo sé.
Sí lo sé: no.
Me quedo callado, Milagros se suelta de mi mano, abre su bolso y saca su ipod, lo enciende, me pone los auriculares en los oídos y me mira a los ojos. Escucho:

You're gonna be nowhere
The loneliest kind of lonely
It may be rough going
Just to do your thing's the hardest thing to do

Me desatasco los oídos de la música y le pregunto, "¿cómo sigue la canción?"

Uno

Para sorpresa de todos aparecí en la oficina a la semana siguiente de la muerte de Nacho. ¿Por qué dejar de hacer la vida de siempre cuando ni uno solo de mis actos cotidianos se había visto contaminado por su muerte? Después de varios días encerrado en casa, escuchando paciente las retahílas de mi voz de off, había decidido volver a la normalidad. Porque – tal y como había repetido mi voz en off hasta hacerse cargante – en realidad me afecta más el miedo a mi propia muerte que la muerte ajena, por muy cercana que sea.

¿Y eso?

Pues lo que has oído. Llevo varios días dándole vueltas y tengo la certeza de que una gran mayoría de las cosas que hago las hago porque tengo miedo de morirme. ¿Tú no lo has pensado nunca?

No...

Esa necesidad de transcendencia, de dejar cosas en el mundo, una obra detrás de nosotros. Da los mismo lo que sea. Hay quien forma una familia, quien escribe libros o construye aeropuertos... Si no supiéramos que nos vamos a morir sería diferente. ¿Tú crees que los animales son conscientes de la muerte?

No lo sé.

Yo tampoco...

Bueno, ¿y por aquí que tal?

Todo como siempre, salvo una buena noticia. La propuesta creativa que habíamos presentado a la productora de Big Brother les había gustado y querían que trabajáramos para ellos. No era sólo la pasta – según mi jefa, “el pastón” –, era también el prestigio para la agencia.

¿El prestigio? ¿Trabajar como equipo creativo de Big Brother nos va a dar prestigio? Joder, Luz, pues sí que está mal el mundo... Pues ya de paso podríamos coordinar una campaña de imagen de Pinocho y así ganaríamos en credibilidad.

Bueno, ¿te ves con fuerzas?

Así es que esta va a ser otra de mis obras de transcencia, otro de mis actos muerte a sumar a las campañas publicitarias para Consejerías de Medio Ambiente, cadenas de gimnasios, Asociaciones de Mujeres Empresarias, bancos, centros comerciales, restaurantes de comida rápida (por utilizar el menos negativo de los epítetos que merecen sus alimentos), portales de internet...

Claro. Para eso estamos aquí, ¿no?

¿De verdad?

Que sí, mujer, que sí.

Luz se preocupa por mi cabeza porque es mi cabeza la que le da de comer. Luz es una buena persona que sabe vender mis ideas. Por eso ella es la jefa. No hizo falta discutirlo cuando los americanos nos ofrecieron el puesto a los dos. Ella sabía que yo aborrezco los trabajos de gestión y yo que su jefatura no me afectaba más que en el sueldo. Trabajar con Luz no es trabajar con jefa; es tener una agente, una representante, una manager.

Quieren que nos reunamos con ellos para un brainstorming, la semana que viene como muy tarde.

Perfecto.

Así te da tiempo a desarrollar la idea un poco más...

La idea que propusimos a la productora para la nueva temporada de Big Brother es bastante simple: consiste en meter un topo en la casa que movilice al resto de los concursantes para generar tensiones, amoríos, enfrentamientos. Aunque ellos no lo hayan admitido delante de Luz, no me cabe ninguna duda de que ya lo han hecho en ediciones anteriores. Me imagino que nuestra propuesta les encaja porque resulta bastante más elaborada y porque incluye una construcción en profundidad del personaje, de su familia, de sus amigos,... y porque la idea es no decidir el tipo de personaje hasta que no tengan claro quiénes van a ser los otros once elegidos. De esa manera, afinamos mucho más. Tiramos a matar. A mí me gusta porque es como hacer el guión de una película de Hollywood.

Terminamos con el casting la semana pasada y mañana mismo tenemos la selección de participantes, así es que podemos pasaros los perfiles en un par de días: el miércoles, ¿os va bien?

Muy bien. Si nos lo pasáis el miércoles, en una semana os entregamos nuestra parte, ¿os parece?

Hola. Soy yo en plan profesional delante de los mandamases de la productora de Big Brother. Fascinante. Cada día estoy más convencido de que le debo todo lo que soy a Alexis Carrington Colby: hace sólo un par de semanas que se mató Nacho y aquí estoy, listo para embarcarme en un proyecto de realidad manipulada. Esto es instinto de supervivencia y no lo de Jackie Kennedy.