Milagros salió de la reunión bastante más preocupada que yo, "para el miércoles ni de coña, jefe", y tuve que convencerla de que no era para tanto; ya teníamos la idea en abstracto y adaptarla a los concursantes no era demasiado trabajo, "al fin y al cabo, por muy freaks que sean, todo el mundo reacciona ante lo mismo: ambición, amor propio, miedo, egoísmo..." "Como usted diga, jefe," - Milagros me trata siempre de usted, con una mezcla de cariño y broma que me gusta seguir - "pero una cosa es que todos reaccionemos ante lo mismo y otra que todos reaccionemos igual".
Totalmente de acuerdo con ella, pero cómo reaccionaran no era el trabajo para el miércoles: de cómo lo hicieran dependía nuestro trabajo de las próximas semanas.
"¿Está usted bien, señor?", Milagros me coge de la mano mientras paseamos por el Paseo de Recoletos hacia la Plaza de Colón. Yo la miro y me quedo callado. Y yo qué sé.
No lo sé.
Sí lo sé: no.
Me quedo callado, Milagros se suelta de mi mano, abre su bolso y saca su ipod, lo enciende, me pone los auriculares en los oídos y me mira a los ojos. Escucho:

You're gonna be nowhere
The loneliest kind of lonely
It may be rough going
Just to do your thing's the hardest thing to do

Me desatasco los oídos de la música y le pregunto, "¿cómo sigue la canción?"