- ¿Y qué crees? ¿Que sí?
- ¿Qué sí, qué?
- Si, a pesar de todo, haremos nuestra propia música, cantaremos nuestra canción especial...
- Ay, jefe, qué horror. Con lo bonita que es esa canción, traducida parece un libro de Coelho.
- O de Lucía Echevarría, que es peor.
- Pues a mí me gusta Lucía...
- ¿En serio?
- No lo sé...
- Yo quería ser escritor...
- Ya lo sé. Me lo dijo Nac... Perdón.
- No, no, nada. Me acuerdo de él sin que tú lo menciones, de verdad.
- ¿Era su novio?
- Qué va. Peor.
Peor que novio. Menos que novio, no: peor. Qué raro "peor que novio". Qué raro debe de pensar Milagros que soy. Qué rara es Milagros. Rara de verdad: no una de esas personas que de lejos nos parecen raras pero al tomar confianza dejan de serlo. Milagros es rara de verdad. Rara es extraña, imprevisible. Rara es bien, bueno. Rara es distinto a los falsos raros, cuya personalidad no es otra cosa que una amalgama de rarezas ajenas impostadas, de actitudes superficiales y poses fatuas, pero que, en proximidad, resultan decepcionantemente convencionales en su moralismo, en su apatía y en su incapacidad para no confundir todos con partes. Milagros no es así: cada vez que hablo con ella y le cuento algo sobre mí tengo la sensación de que no me categoriza, sino que sigue esperando información. Tal vez por eso me trata de usted, y lo hará hasta que crea conocerme. Si es así, Milagros es rara y lista. Rara de verdad. Como su propio nombre indica.
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Qué raro es Mateo. Lo conocí el primer día en la oficina. Me ignoró por completo...