Milagros es rara y lista. Milagros es guapa rara, guapa para minorías, o guapa para mí; porque Milagros tiene uno esos rostros femeninos duros, preciosos, de mandíbula firme y cuadrada, de ojos pequeños perfectos y ¡una boca! una boca que es protagonista absoluta de la cara: una boca carnosa, bien dibujada, nada excesiva, discreta, una boca que es protagonista de la cara pero no destaca más que cuando uno se concentra y mira solamente a la boca. La primera vez que le miré la boca a Milagros la encontré guapa, guapa a partir de ese momento. Milagros es guapa. Pero nunca haría de guapa en una película; Milagros sería la amiga normalita de la protagonista. Pero Milagros nunca haría una película: le avergüenza su voz ronca, cascada, una voz fantástica para cantar rancheras o pedir otros dos 'dry-martinis' al camarero.
- El café lo habrás dejado, bonita, pero la ginebra...
- No me sermonee, jefe, que a usted también le gusta el pimple.
"El pimple". Milagros dice cosas como "el pimple" con tantísima gracia que me derrite.
- Lucho me llamaba borracha...
- ¿En serio?
- En serio.
- ¡Cuántas ches! ¿Y nunca te chantajeó? "Lucho chantajea a la borracha"
- No. Pero si lo hubiera hecho, me habría hecho lesbiana, "Lucho chantajea a la borracha marimacho"
- O mamarracha.
- Ah, no, para eso ya está usted.
- Un respeto, señora.
- Señorita, si no le importa.
- Las señoritas eran vírgenes.
- No, señor. Las vírgenes eran Vírgenes. ¿O es que la madre de Dios era la Señorita María? ¿eh?
- Nos vamos a chuzar bien hoy, ¿no?
- Como dos botas, jefe, como dos botas.