- Ay, no se burle de mí, jefe. No tendría que habérselo contado. Seguro que ahora usted piensa que soy una tarada y una freak.
Pero no es cierto: no es eso lo que pienso de ella. No es eso lo que pienso. Pienso en que Milagros se gasta la mitad de su sueldo en terapia, en que se ha sometido a regresiones hipnóticas, en que no recordaba que me hubiera contado que había perseguido a un hombre hasta Estados Unidos.
- ¿Y a qué parte de Estados Unidos seguiste al tal Christian?
- ¿A Christian? A Nueva York, hasta Manhattan le seguí, como una loca. Muchísimo antes de que las bobas de mi edad se fascinaran por Sexo en Nueva York, ahí estaba yo. Torciéndome los tobillos por calles numeradas. Qué mierda, jefe, qué mierda. Casi un año me pasé en Nueva York, buscándome la vida como podía - trabajé como dependienta, haciendo manicuras a señores en hoteles de medio pelo y también de camarera: y todo a la vez, no se crea, usted no sabe lo que era pagar el alquiler.
- ¿Pero estábais alquilados en Manhattan?
- ¿Cómo que estábais? Estaba: yo estaba alquilada en Manhattan. Yo sola con mi pelo.
- ¿Y Christian?
- No lo volví a ver. Desapareció.
- ¿Y por qué no volviste a España?
- Pues no sé, jefe. Al principio porque no tenía dinero para el billete, y pensé que si trabajaba podría ahorrar para volver, pero qué va. Trabajaba como una mula y apenas me daba para el alquiler y la comida, así es que ahí me quedé.
- Un año...
- Casi, sí.
- ¿Sabes qué?
- No, ¿qué?
- Que me encantaría ir contigo a Nueva York, pero en plan lujo total. ¿Has vuelto después alguna vez?
- No, qué va. Desde que volví no he vuelto a viajar.
- ¿Y te apetece? ¿Te apetece que cuando terminemos el proyecto nos vayamos dos semanas? Invito yo.
- Pues claro, pero claro que me apetece... ¿lo dice de verdad?
- Total.
Otro 'dry-martini'. Brindamos. Por Holly. Por Holden. Por Andy. Por Truman.
- Y por Liza, jefe, que nos está inspirando un huevo.
- ¿Volviste a ver a Christian?
- Sí, bueno, no. Lo vi, pero por televisión: ahora es actor.
- ¿Es bueno?
- Es un horror...
- ¿Y yo?
- ¿Usted, qué?
- ¿Era bueno en tu regresión?
- Era buenísimo. Y me invitaba a Nueva York.
-
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