Salimos del café borrachos. Yo, más borracho "no, no, yo más borracha, mucho más borracha yo, jefe; si hasta le he hecho proposiciones indecentes y ni un millón de dólares ni Robert Redford, hay que ver, ay qué vergüenza, jefe, perdóneme". Cierto: Milagros más borracha que yo. O más sincera, o más suelta, o más sola. O incluso ¿enamorada?
- ¿... de usted? la verdad es que no lo sé... no lo sé.
- No pasa nada, Milagros.
¿Qué quise yo decirle con éso, "No pasa nada, Milagros"? No pasa nada si te has enamorado de mí: no me mancha que me ames [Como pensé que hacía con aquellos de quienes me enamoré - sin fortuna y en secreto - durante toda mi adolescencia. Como supongo que sienten todos los adolescentes que se saben feos, raros y culpables.] No pasa nada si no lo sabes [Porque "hasta que comprendió por sus medios lo que todos descubren alguna vez: que no saber si se está enamorado es la única forma real de estarlo. Ninguna seguridad, basta de normativas, la gravedad ha muerto." ESTRELLAS, ESTRELLAS, de Eloy Tizón.] No pasa nada: yo no estoy enamorado de ti, da igual lo que tú sientas: no pasa nada, no pasará nada.
- ¿Qué quiere decirme con éso, "no pasa nada"?
- No lo sé.
Paré un taxi que pasaba y se lo cedí. Milagros se subió, cerró la puerta y no nos despedimos. Esa noche fue la última vez que la vi. En la oficina dijeron que había tenido que marcharse de viaje urgentemente. Me la imaginé de nuevo en Nueva York.